CMLP VEINTIUNA - CMLP XXI PROMOCION
  CERTAMEN C 2011
 

CERTAMENES CULTURALES

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JUEGOS LEONCIOPRADINOS 2011 - CAT. III

BODAS DE PLATA

Por:  José Hinojosa Bisso

Narración ganadora de la medalla de oro 
 
Juan sostenía un vaso de whisky en la barra del club aquel, mezclando sus recuerdos con la música que le llegaba del piso superior. Había dejado ahí a los compañeros de los años transcurridos en el colegio militar. Bodas de plata, veinticinco años que habían pasado como volando. No se sentía bien. Había bajado al bar hastiado de las preguntas que le hicieron.
-Hola Juan ¿Como está Eva? ¿Que tal los chicos?- le había dicho la mujer de Carlos.
-Juancito...a los tiempos ¿Eva no ha venido?- preguntó Susana.
-Uno de los chicos enfermo y ella no pudo acompañarme- tuvo que mentir.
Dolía tratar de disimular, cuando todos sabían ya de su divorcio y que hacía tiempo el vivía con los viejos.
Estar abajo tampoco fue mejor, viajó en el tiempo y se vio vestido de uniforme azul, como si hubiera sido ayer. Recordó aquel sábado que encontró a Katty, amenamente hablando con un joven de anteojos algo mayor, el cual cortésmente se retiró después de haber sido presentado. Ante su rostro indignado, ella le increpó el mes que el había desaparecido de su vida. No creyó las explicaciones, las tres papeletas de castigo y las cartitas que nunca llegaron. La joven tomó una decisión y la mantuvo hasta el final.
Juan maldecía a "Bigote", aquel teniente que lo sorprendió imitándolo, con un postizo sobre el labio, cortesía de un miembro del club de teatro. Tres fines de semana sin salir le clavó, cada cual mas frío y mas triste. Ellos sellaron su suerte con la dulce chiquilla del barrio, a la que besó por vez primera a los doce y con quien juraron andar juntos hasta que la muerte los separara.
Años después supo que Katty se había casado con el tipo de la tarde aquella, también de su sufrida vida y hasta de los pormenores de la separación total.
Apuró el vaso y decidió subir a despedirse. Se sentía mareado y con el Colegio Militar Leoncio Prado, ya había tenido más que suficiente.
Zafándose a duras penas de los brazos de los amigos que insistían en no dejarlo ir, apuradamente bajó y ganó la calle.
Detuvo un taxi y se acomodó en el asiento posterior. Estaba bastante lejos de casa y mas bebido que cansado al poco rato se durmió. 
Una luz roja hizo detener bruscamente el taxi. Juan despertó mirando inquieto a los dos lados. Una mujer lucía su buena estampa en la esquina. Al cambiar la luz y pasar junto a ella, la miró fijamente. De inmediato y movido por un súbito impulso, le ordeno al taxista detenerse.
-Por favor señor, no puedo parar al inicio de cuadra- respondió aquel.
-Tome este billete y quédese con el cambio, pero deténgase de una vez- insistió Juan.
De un salto bajó del coche y raudamente emprendió el retorno, reconociendo el lugar donde se encontraba. Cerca ya y al ver que la mujer no se había movido, detuvo el paso, sacó un pañuelo y secó el sudor que le cubría el rostro. Se pasó la mano por el cabello y lentamente cruzó la calle, hasta llegar a su lado.
Irguiéndose un poco y ensayando su mejor sonrisa le dijo:
-Hola Katty...¿Me recuerdas?
-¿Juan?...¿Eres Juan, o me equivoco?- respondió la mujer.
-Si, el mismo, tantos años ¿No?
-Bastante tiempo, si- dijo ella.
-Y tanto de que hablar...conozco un buen sitio por acá ¿Me acompañas?
-Por supuesto, vamos.
La música era algo fuerte y no dejaba conversar bien. Juan prefirió dejar para después lo que siempre había deseado decir a Katty si algún día volvía a verla. Decidieron bailar y así lo hicieron.
Los temas del ayer de aquel rincón de los recuerdos, era justo lo que necesitaba en aquel momento. La abrazo suavemente y besándola con ternura se remontó a aquellos lejanos tiempos de los años juveniles, mientras fuertemente unidos flotaban por entre las demás parejas.
Una ligera sonrisa tenía Juan. Una hora atrás rumiaba su soledad y la mala suerte de los últimos meses. Había culpado al colegio militar por el amor juvenil perdido. Ya no pensaba así, la probabilidad de encontrar a Katty justo aquella noche era infinitesimal. Grande CMLP, si no hubiera asistido a la fiesta no la tendría ahora a su lado, cuando más la necesitaba.
Poco duraron los instantes dulces, que dejaron paso a la excitación y el deseo. A pesar del alcohol que nublaba un tanto sus sentidos, Juan entendió que ya no podían seguir ahí. Pagó la cuenta y abrazándola fuertemente la condujo a la salida.
En el taxi, sufrió metro a metro la lentitud del viejo conductor. Aquel no sabía del larguísimo tiempo que el había ansiado tener un momento así. El renacer del amor con la mujer de sus sueños, una segunda noche de bodas, el inicio de una luna de miel que a diferencia de la anterior, juraba que no terminaría jamás.
Ya en el hotel, pidió la mejor habitación que había y el mejor vino que encontraron.
Envuelto en su bruma mental, Juanito perdió la noción del espacio y tiempo, en el borde del conocimiento se entregó al placer carnal, felizmente bien seguido en ello, por la guapa mujer
que íntimamente habíase unido a el. Al cabo de un tiempo, el deseo y el éxtasis dieron paso al silencio, unido a la oscuridad de aquella noche especial.
La luz del amanecer se filtró por las cortinas. Juan despertó pesadamente, tenía un ligero dolor de cabeza, buscó en la mesita del costado pero solo encontró la botella de vino casi vacía y nada para satisfacer la inmensa sed que sentía.
Tambaleándose se levantó, fue directo al baño y metiendo casi toda la cabeza en el lavatorio, bebió toda el agua que le cupo en el vientre.
Mas calmado y lentamente retornó a la habitación. La luz habíase hecho más intensa. Recorrió con la mirada, la silueta perfecta de su compañera, que el trasluz de las sabanas destacaba. Entonces un estremecimiento sacudió su cuerpo, recordó la última vez que había visto a Katty, cuando fue de visita al viejo barrio. Si bien, no tuvo el valor de acercarse suficiente, pudo darse cuenta que seguía siendo casi la misma chica delgada de siempre. Y claro que sí, pues nunca había perdido el interés en ella. Definitivamente, aquel cuerpo que ahora veía no era el suyo.
La cabeza dejó de dolerle, trató de recordar bien lo acontecido en la noche. Sabía que esta mujer lo había llamado por su nombre, pero no se explicaba como así. No tardó en descubrir que en el saco que colgaba en la pared, estaba la etiqueta iridiscente con su nombre, que le pusieran al ingresar a la fiesta. Entonces comprendió casi todo lo ocurrido.
Se encogió de hombros, ya estaba seguro que no era Katty la que plácidamente dormía a un par de metros de él. De todas maneras se alegraba, pensaba que la forma inusitada en que había terminado aquel casual encuentro, demostraba que no había perdido el toque de conquistador que alguna vez tuviera, al fin y al cabo, aquella mujer como quiera que se llamara, era atractiva y excelente en la cama, no debía perderla pues podría ser la pareja que le faltaba. De inmediato y queriendo ganar algunos puntos, se acercó al lecho y acariciándole suavemente el cabello, poco a poco la despertó y le dijo:
-Buenos días mi amor ¿Dormiste bien?
-Si cariño, como un bebe- respondió ella.
-Dime sinceramente ¿La pasaste bien anoche?
-Por supuesto, eres lindo y un amor de gente.
-Me alegro, pues me encantaría volver a salir contigo.
-Claro corazón, cuando tú quieras- contestó, haciendo suspirar a Juan.
-Nena, tengo hambre ¿Que deseas que pida para ti?
-Mmmm...por favor un café y un sándwich de lo que tu gustes.
-OK mi amor ¿Alguna otra cosa?
-Si, no te olvides de los cien soles más, que me prometiste por quedarme toda la noche.
 
CONTEMPLANZAS

Por:  Gerardo Felix Gonzales

Poesía ganadora de la medalla de bronce
 
Cuando era niño miraba a mis padres
eran mi Dios, me daban todo el tiempo
me alimentaban y me acariciaban
se dedicaban siempre para mi.

Cuando fuí adulto me casé y vivía
para mi esposa y para mis hijos
y de mis padres casi me olvidaba
no les di el tiempo, como ellos a mí.

Ahora soy viejo y quiero expresarte
un sentimiento del fondo de mi alma
como quisiera volver a ser niño
pa´ que me mires como te miré.

Si se pudiera regresar el tiempo
cuanto cariño te di por amor
ahora extraño tenerte a mi lado
pa´ acariciarte como quiero yo.

Cuando eras niño yo a ti te bañaba
y te gustaba disfrutarlo así
ahora ya viejo, lavame la cara
porque no puedo hacerlo solo yo.

Tu cuando niño me pedias siempre
jugar conmigo y lo hacía por amor
hoy quiero verte cerca a mi lado
y que me ames como yo te amé.

Como recuerdo que yo te leía
todos los cuentos de la colección
ahora te pido me tengas paciencia
y que me des un poco de atención.

Y me contabas las mismas historias
que yo te escuchaba y te contemplaba
hoy solo pido me tengas cariño
tan solo un poquito de lo que te daba.

Cuando eras niño te daba en la boca
la comidita con todo mi amor
hoy solo pido que no te molestes
si se me cae cuando como yo.

Siempre me pedias que yo te sacara
para pasear al parque junto a mi
ahora yo viejo quiero que me saques
un momentito para caminar.

Cuando eras niño a mi te acurrucabas
y entre mis brazos te veía dormir
hoy ya sin fuerzas tomame la mano
porque tambien quiero sentir tu calor.

Cuando eras joven yo te contemplaba
como crecías con mi protección
ahora ya viejo, no me dejes solo
yo necesito tu protección también.

Ahora te pido que tu me comprendas
y que me entiendas como te entendí
y aunque los años traicionan la vida
quiero sentir que queda vida en tí.

Un día estaras al fin del camino
y sentiras pasos de soledad
no estare contigo en ese momento
Pero si...en el nuevo despertar
 
ESPLENDOR INCA Y ARCO IRIS
EN LAS ALTURAS CUSQUEÑAS


Por:  Luis Marroquín Espejo

Fotografías ganadoras de las medallas de oro y plata

(Haz clic sobre las imágenes para agrandar)
   
LOS RINCONES DE MI COLEGIO

Por:  Eduardo Del Aguila Horna
 
Estábamos sentados en el ómnibus, varias horas habían pasado desde nuestra partida de Lima a Piura, la serpenteante carretera panamericana con sus dunas sobresaliendo sobre el pavimento y el cielo gris encapotado, era el escenario de mi aburrimiento, de pronto este se vio interrumpido, el vehículo se había detenido por que la carretera estaba cortada por el desborde del rio la leche; pensé que leche, nos podría haber llevado. El niño mañoso había hecho su travesura al calentar las aguas del mar norteño causando torrenciales lluvias y  cargando el caudal de los ríos de la costa. Las horas pasaban y los pasajeros daban vueltas sobre su propios asientos, alguien tenia que liderar en estos momentos difíciles; me acorde de mi jefe de sección del Colegio Militar Leoncio Prado que a diario frente al busto de este personaje, nos recordaba hasta la saciedad como debían ser los futuros lideres para que con el ejemplo salgamos exitosamente de los problemas que afectarían nuestra larga vida. Todos a dormir que mañana es otro día y veremos que se puede hacer,  fueron las palabras que pronuncie con un poco de seriedad y educación. El hambre, la sed, el aburrimiento habían afectado a todos los pasajeros; era mejor dormir para olvidar  los pesares. Dormía plácidamente cuando en mi sueño pude observar una cafetería en  que jóvenes uniformados  se disputaban gaseosas bien heladas y panes tipo biscochos redondos en los que cabía un huevo frito bien extendido, era la “Perlita” el oasis del hambre o el palacio del gusto con sus manjares, donde los jóvenes cadetes saciaban su hambre de adolecente inquieto. Años después al visitar el colegio   triste fue el no encontrarla, al buscarla; pase saliva y el nudo que se formo en mi garganta fue atravesado por el sabor del pan con huevo. Un nuevo amanecer y el mensaje a los pasajeros es “lo único que se puede hacer, es atravesar el rio  con ayuda de agiles y presurosos jóvenes pasadores” que en minutos se habían profesionalizado en estos avatares. En la otra orilla estaban los camiones  prestos para llevar pasajeros por unos soles a la ciudad de Chiclayo. Me acomode como podía y el sueño me venció, mis deseos del baño eran imperiosos, una buena ducha en estos casos es mas que saludable…ahí hacia el fondo de los baños estaba el malacate cuando escuche por primera vez esta palabra me quede pensando en su significado; después  le daríamos  varios como: ducha, lugar de estudio, ring para demostrar la hombría o decidir quien manda, leer cartas de la amada en  forma silenciosa o resolver algún examen pasado para que la competencia no se entere. Desperté con el sonar bullicioso de las bocinas de los autos, estábamos en la ciudad,  un grupo grande de pasajeros llegaban conmigo  sanos y salvos, agradecimientos y despedidas, cada uno por su cuenta nos fuimos alejando. A buscar hotel y  pasaje aéreo que era la única forma de llegar a Piura; el niño mañoso se había llevado varios kilómetros de carretera, al día siguiente levantarse temprano era   imperioso para conseguir pasaje. Dormí cual largo era, pensando en el sonar misterioso de la corneta que durante tres años habían permitido ser puntual para evitar el castigo por morosito, el dato era que al primer sonido de la corneta debía estar de pie en el suelo, así este tenga la temperatura invernal de la Perla Callao. La figura gris de un suboficial apodado “Alianza” por su tez morena, con su uniforme beige y una corneta dorada bien brillante es mi recuerdo de ese reloj extraño que nos hacia remover de nuestras estrechas camas y terminar abruptamente nuestro sueño majestuoso en la que recuperábamos nuestra energías perdidas en las marchas y contra marchas para desplazarnos a cuanta instalación existía y las ranas mas las planchas que de acuerdo con nuestra inquietud juvenil nos hacíamos merecedores en ese mundo complejo de la disciplina que forma a los futuros padres, empresarios y a cuanta organización exista en la tierra. Sentado en una banca de una placita provinciana trataba de pasar el tiempo hasta el día de mi partida, de un viaje que se hacía largo y tormentoso, mi vista se perdió en un edificio bastante maltratado, entre los nubarrones de mi recuerdo apareció la “Siberia” ¡O¡ que terror entrar en este recinto era la aventura que cualquier púber desearía para completar la historia semanal, nunca supe el motivo de su siniestra figura que alimento varias historias de terror y cobijo a los mas cabreados y valientes representantes de más de 60 promociones del colegio militar.
Un colegial que leía un libro de historia me despertó; qué tiempos aquellos, las aulas del colegio conformaban un cuadrado académico con balcones protegiéndonos de la humedad invernal, las carpetas personales a veces eran blandos colchones para amortiguar lo más preciado del cadete “su divino sueño” y poder recuperar fuerzas para el día. El curso de Historia nos apasiono, tenía como gran maestro de maestros a Hernán Buse de la Guerra quien con una voz grave y contundente nos hacia vivir los momentos más importante de la historia del Perú. La biblioteca guardaba grandes tesoros como la colección de la Revista Variedades que amenizo a la sociedad limeña en la década del 40.En los extremos del pabellón de aulas se encontraban los baños donde se continuaba la tertulia académica. Cerca a las aulas se encontraba  la peluquería que tenía un significado trascendental como decir “castigo y salida” palabras que se conjugaban muy bien y de gran importancia para la sobrevivencia del cadete. Los peluqueros eran grandes maestros hacían con nuestros cabellos los peinados mas geométricos siendo el más apreciado el de la bacenica o el de poto de bebe que significaba un “rape” completo.
Tenía que matar el tiempo hasta el día  que hubiera cupo en el avión para llegar a mi destino. El cine era una gran alternativa, estando bien sentado en la butaca respectiva apareció nuestro auditorio con su gran escudo del colegio militar, era el gran escenario de las veladas artísticas y culturales, estaba el resonar de nuestra orquesta con el maestro Blaker o la melodía de nuestro coro cantando malabrigo en varias voces que eran premiadas con el característico aplauso lenciopradino  retumbando en el ambiente. Para  ingresar el día cinemero había que tener las tareas de estudio al día  y hacer la cola respectiva, cuanto más años de estudio se tenía, más descansado se llegaba a ver alguna película que  ningún cinema limeño había estrenado. Al salir del cine caía bien una butifarra en una gran cafetería del lugar, sentado llego a mi memoria nuestro comedor largo de un solo piso con sus mesas de madera y sillas pesadas que tomaban vida con sus platos, ollas y vasos, cómo no recordar esos frejoles con asado y el juguito de este, revuelto con el arroz. Las maravillas acrobáticas que hacíamos en el primer año de cadete parar poder llevar la cuchara a nuestra boca o cuando el jefe de mesa se ponía mentecato.
Estar en el avión y ver la fuerza de la naturaleza nos hace pensar cuan débil somos, ciudad inundada, tuberías rotas desaguando la inmundicia de una sociedad que no se prepara para estas emergencias. Esa noche al dormir en casa sentí el bienestar de haber llegado sano y salvo, en mi sueño apareció Dulio Poggui el héroe juvenil que murió en un lio de nobleza y  cortesía con una dama. El pabellón de cuadras del quinto año llevaba su nombre, las escaleras para bajar  del segundo piso fueron testigo de las veloces carreras donde se batieron records mundiales de velocidad cuando el cadete tenía que salir a formar  y el oficial de día pedía sanción para los últimos.
Había demorado casi una semana en mi viaje de Lima a Piura. En el gimnasio, haciendo mis ejercicios llego a mi mente las clases de gimnasia con el Profesor Orrillo y Mejía quienes madrugaban para fortalecer nuestros juveniles músculos, y qué decir de las carreras muchas ellas en nuestro desplazamiento diario al “paso ligero” por pasadizos normalmente con agua por la gran humedad existente cantando nuestras características canciones alusivas a nuestra promoción y estas eran más esperadas los días sábados  para aligerar el tiempo y estar prestos para la salida. Salida era una palabra maravillosa que significaba “libertad” buena comida, diversión, encuentro con los seres queridos.
Mi viaje había sido accidentado, reflexionando sobre aquellos momentos juveniles de mi vida, como lo hacíamos la gran mayoría  dando frente al pabellón central, cuando diariamente  al pasar lista en la mañana aparecía la secretaria del director y las formación de los cadetes se deformaba por su inquietud de curiosear; de ahí su apodo de la “rompe fila” y en la noche en un silencio reflexivo, cada cadete  pasaba el tiempo pensando en su próxima salida para no sentir las piernas después de varios minutos de estar bien cuadrado con los tacos juntos, los brazos al costado del cuerpo y la cabeza erguida. En las ceremonias  ver flamear nuestra bandera en la parte más alta de nuestro colegio, desafiando a la brisa marina, nos hacia sentir una sensación de peruanidad y de identificación con nuestra patria. La pista central de nuestro colegio, fue testigo de grandes eventos; hoy en la ceremonia de reencuentro,  las  promociones de egresados desfilan recordando momentos de la vida grabados en el tiempo y  en cualquier parte del mundo sus integrantes se  reconocen con un santo y seña muy simple “Alto el Pensamiento”…